Obra mayor de uno de los grandes del spaghetti western cuya influencia se nota, por ejemplo, en El jinete pálido de Clint Eastwood. El gran silencio (Il grande silenzio) recoge imágenes inolvidables, tétricas y gélidas, envueltas en sereno pesimismo.
En la frontera entre México y EEUU,
tras una enorme nevada, no hay lugar para la desesperanza. Los forajidos bajan
de las montañas y despiadados pistoleros los acechan para cobrar el precio por
sus cabezas. Nieve y silencio, la sangre y la pólvora como ruidoso motor de hombres entregados al oficio de dar muerte. Entre ellos, el cruel Tigrero, cazador de forajidos interpretado por Klaus
Kinski. Y enfrente, Silencio (Jean Louis
Trintignant), asesino solitario y mudo movido más por el dolor
que por cualquier atisbo de justicia.
Zooms, música de Morricone, la luz reflejada en la nieve o la cámara temblorosa, a ratos pérdida de Corbucci, apuntalan
una tragedia donde el conflicto es la vida de los hombres al pie de una
montaña, y su única solución, la muerte.




