1 de febrero de 2013

EL GRAN SILENCIO (Sergio Corbucci, 1968)

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Obra mayor de uno de los grandes del spaghetti western cuya influencia se nota, por ejemplo, en El jinete pálido de Clint Eastwood. El gran silencio (Il grande silenzio) recoge imágenes inolvidables, tétricas y gélidas, envueltas en sereno pesimismo.
         En la frontera entre México y EEUU, tras una enorme nevada, no hay lugar para la desesperanza. Los forajidos bajan de las montañas y despiadados pistoleros los acechan para cobrar el precio por sus cabezas. Nieve y silencio, la sangre y la pólvora como ruidoso motor de hombres entregados al oficio de dar muerte. Entre ellos, el cruel Tigrero, cazador de forajidos interpretado por Klaus Kinski. Y enfrente, Silencio  (Jean Louis Trintignant), asesino solitario y mudo movido más por el dolor que por cualquier atisbo de justicia.
         Zooms, música de Morricone, la luz reflejada en la nieve o la cámara temblorosa, a ratos pérdida de Corbucci, apuntalan una tragedia donde el conflicto es la vida de los hombres al pie de una montaña, y su única solución, la muerte. 

25 de enero de 2013

DJANGO DESENCADENADO (Quentin Tarantino, 2012)

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Aunque incapaz de abandonar por completo su estética de pastiche, Tarantino se muestra más libre en su primer western. Una sorpresa en quien no rodaba una película notable desde Jackie Brown. Ya sea fruto de la madurez del director, ya de su afinidad con el género más dúctil, las casi tres horas se engullen como un pantagruélico festín. Los entornos áridos, rocosos, nevados, el olor a pólvora, el sheriff, las cabalgadas, la violencia más natural: el western sólo se reconoce con plenitud en su paisaje, a pesar de que tantas películas aparezcan contaminadas por él.

24 de enero de 2013

EL FORASTERO IBA ARMADO (André De Toth, 1953)

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Por separado los seis westerns del ciclo que Randolph Scott rodó con De Toth ­—¡en cuatro años!­—, no alcanzan los más sobresalientes trabajos de este director. Lejos se quedan de Pacto de honor o El día de los forajidos, pero son estimables como intento de retratar personajes de moral vaga, dispuestos a cambiarse de bando, agitados como una tempestad en el desierto.

14 de enero de 2012

CABALGAR EN SOLITARIO (Budd Boetticher, 1959)

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Una de las grandes películas del Oeste, sin nada que envidiar a muchas de las firmadas por Walsh, Daves o Wellman, o aun equiparable a algunas de Mann, Hawks o John Ford. Cabalgar en solitario (Ride Lonesome), embriaga desde su arranque. Estamos ante una obra casi perfecta, un recital de escenas antológicas. El argumento —sencillo, como es habitual en el ciclo Boetticher/Scott— gira en torno a un cazador de recompensas (Randolph Scott) que debe conducir a un preso hasta la ciudad donde lo van a juzgar.

11 de enero de 2012

SEVEN MEN FROM NOW (Budd Boetticher, 1956)

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En este primer western de Boetticher con Randolph Scott, el ex sheriff Ben Stride (Scott) persigue a siete pistoleros acusados de un robo, mientras las distintas personas con quienes se cruza —en especial Masters (Lee Marvin), a quien Stride encarceló tiempo antes— iluminan algunos aspectos de su vida. Seven men from now confirma que para rodar un buen western casi bastan generosas dosis de talento; así en la Serie B encontramos maravillas como ésta, con el encanto de las obras “menores” de Ford como Caravana de paz o de la también sobria Colorado Jim de Mann.